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Entrevista Han In-mi, directora de Nobody’s Lover

“Los perpetradores de ciberacoso tienen un mayor efecto dominó”

 

En la ópera prima de la surcoreana Han In-mi, Nobody’s Lover. Su protagonista, de 18 años, lleva una vida dura en muchos sentidos. Nada parece fácil, incluidas las circunstancias familiares, las relaciones en el instituto y entablar amistades. La joven es como una isla desierta, alejada del mundo. El desencadenante de esta película iniciática será el amor. De manera inesperada, su soledad se convierte en un triángulo. Como trasfondo, el trabajo precario, el acoso escolar y la sensación de orfandad.

 

– En los últimos tiempos hay numerosas películas protagonizadas por adolescentes que tienen que hacer frente a sus vidas en ausencia de sus padres. ¿Qué dice esta coincidencia de nuestras sociedades contemporáneas? 

– Es una circunstancia que se ha utilizado durante mucho tiempo, de manera constante, como contexto de los personajes principales. En Corea del Sur, la responsabilidad de cuidar de los niños recae únicamente en los padres (especialmente en la madre), y en ausencia de los progenitores, el niño se queda protegido en un entorno vulnerable. Estos personajes en situaciones tan ansiosas y desfavorecidas parecen ser un tema de interés.

 

– ¿Te gusta el género coming of age? Si es así, ¿cuáles son las películas y libros que te han inspirado? 

– Si, mi película es iniciática. Es un género que realmente me gusta. Encontré inspiración en la novela Matar un ruiseñor, de Harper Lee. Y entre las películas Mouchette (Robert Bresson, 1967), Un ángel en mi mesa (Jane Campion, 1990), Yi Yi: A One and A Two (Edward Yang, 2000), Sin techo ni ley (Agnès Varda, 1985) y À ma soeur! (Catherine Breillat, 2001).

 

– Los trabajos a tiempo parcial también formaron parte de la trama de tu corto Blossom, ¿qué quieres subrayar con la necesidad de que los jóvenes trabajen en lugar de centrarse en prepararse para el futuro a través de sus estudios? 

– Es una perspectiva interesante. Los adolescentes también necesitan dinero y quieren hacer muchas cosas, pero si sus deseos no están relacionados con sus estudios estos no son respetados ni protegidos. Quería hablar sobre estos temas, no necesariamente enfatizar que deban funcionar.

 

– ¿Por qué decidiste no filmar ninguna secuencia en el instituto? 

– Lo que Yujin debe estar viviendo en secundaria son principalmente escenas de intimidación y de soledad, así que que filmar una escena en clase me parecía un cliché. En cambio, filmarla deambulando fuera del centro de secundaria parecía retratar suficientemente su distanciamiento de la escuela y de sus amigos.

 

 

– Tu película muestra el uso de móviles entre adolescentes para practicar acoso escolar, ¿las consideras herramientas negativa? 

– Sí. En la película solo hay escenas de chavales haciendo fotografías. Sin embargo, a la audiencia se le incita a pensar en problemas sociales como el uso de messenger, de las redes sociales y de los sistemas de tablón de anuncios digitales para la violencia y el acoso escolar. A medida que la comunicación virtual se vuelve más activa, los rumores no verificados se propagan fácilmente y, en último término, se convierten en verdad. Creo que los perpetradores tienen un efecto dominó mucho mayor que antes, ya que sus mensajes se propagan rápida y ampliamente sin ningún esfuerzo.

 

Tanto Blossom como Nobody’s Lover capturan un momento crítico en la pérdida de la inocencia durante la niñez, en el caso del corto, y en la adolescencia, en el del largo. ¿Piensas en el proceso de crecer como un pasaje traumático? 

– Sí. Siempre es nuevo e impactante. No solo cuando uno es joven, sino también como adulto. De hecho, constantemente me sorprendo a mí misma al aprender y darme cuenta de cosas nuevas. Creo que es porque todos tenemos tanto miedo como curiosidad. El proceso de hablar, compartir y empatizar con esos momentos es una forma de entender y adaptarse al mundo.

 

¿Por qué te gusta que tu película haga hincapié en la clase social como tema principal? 

– Mi vida corriente me ha llevado a dar el protagonismo a la gente corriente. Nunca me he dado cuenta de estar enfatizándolo, pero a partir de lo que sé, cuando escribo, empatizo con la pobreza en lugar de la abundancia.

 

En la sinopsis habéis publicado que Yujin abre los ojos al amor, “sin una sola pista del otro lado del amor”. ¿Cuál es, en tu opinión, la otra cara del amor? 

– Sería más exacto hablar de la otra cara de la fantasía del amor. Esto es lo que descubrimos cuando nos damos cuenta de que es una ilusión desear que la otra persona te acepte completamente como eres y que tú puedas aceptarla como es. Esto puede ser un muro imposible de superar, o significar la soledad.

 

¿Estás de alguna manera agradecida a Parásitos (Bong Joon-ho. 2019) por las expectativas que ha despertado la película hacia el cine coreano? 

– Sí. En el pasado, cuando pensaba en películas de otros países y las consideraba buenas (japonesas, mexicanas, alemanas, españolas, etc.) solo tenía en mente dos o tres referencias. Mi juicio se basaba en esas dos o tres películas, pero me llevaba a generar confianza en la cultura del país y me despertaba interés para ver películas de ese país más adelante. Creo que Parásitos ha causado una reacción en cadena similar en el público de todo el mundo, creando expectativas hacia las películas coreanas y generando confianza en nuestra cultura. Los que se benefician de este privilegio son los jóvenes directores de cine coreanos. Estoy más que agradecida.