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Entrevista a Adrián Lastra, premio Un futuro de cine

Adrián Lastra es uno de los actores con más proyección de nuestro país. Curtido en los escenarios, su carrera se lanza con películas como Primos o su papel en la popular serie Velvet.

Hoy, sábado 1 de julio, estará en el festival para presentar su película Primos y recoger el premio Un futuro de cine en la gala de clasura de 32 Cinema Jove.

Todas las biografías que encontramos destacan como tu primera vocación la música. ¿Qué despertó en ti ese interés?

Yo empecé cantando. Yo en mi casa he escuchado siempre mucha música, pero nunca me había llamado la atención. Pero un día, viendo un programa de televisión, hace muchísimos años, me llamó mucho la atención cómo cantaban los chicos. Entonces me puse a cantar y la gente comentaba: “wow! qué bien Adrián, cantas muy bien”, etc. Entonces fui a la profesora que te da música en el instituto, y le dije, oye quiero cantar. Y bueno, me dijo, vamos a probarte. Me probó y dijo: bueno, te voy a llevar a una profesora amiga mía que es cantante de lírico para que te vea, para que te escuche y para que te recomiende. Y me escuchó y dijo, me encantaría darte clase. A partir de ahí empecé a hacer más cursos de interpretación, a hacer conciertos, concursos, hasta que vi un musical y dije, yo quiero hacer esto. Quiero cantar, bailar e interpretar a la vez.

Has estado en los musicales más conocidos del país como Hoy no me puedo levantar o 40, el musical. ¿Qué papel juegan esos trabajos en tu carrera? ¿Qué aprendes de esa experiencia?

Pues aprendo el oficio. Que es lo más importante y lo que menos se aprende en una escuela de interpretación o de teatro musical. En una escuela de teatro musical te pueden enseñar cómo interpretar, cómo llevar un personaje a teatro musical, cómo parodiarlo, cómo hacer lo que sea. Pero claro, el escenario es el escenario. El escenario es la pura vida. Yo nunca había estudiado interpretación. Entonces, empecé por intuición a buscar por dónde llevar esos personajes. Me acuerdo de Hoy no me puedo levantar. Yo tenía muchas cosas de raíz que me identificaban con ese personaje, que sabía por dónde podía tirar, por dónde podía respirar. Y ahí empecé a buscar.

Luego pasas a la tele en series como Yo soy Bea o Los hombres de Paco. ¿Qué aprendes en esos primeros tanteos con la pequeña pantalla?

Pues la verdad es que estaba bastante perdido. No sabía cómo se hacía. Nunca me decían, mira Adrián te has pasado, baja un poco. Yo no sabía lo que era un tiro de cámara, yo no sabía como buscar una luz… Entonces tu vas aprendiendo de todos. Me encanta ser una esponja en todo trabajo, incluso ahora. Me encanta aprender de todo, tanto de los compañeros que tengo delante, como de los técnicos, de los cámara, de las luces, del script… Pero claro, cuando haces episódicos, las paradas son muy pocas. Es como montarte en un coche en marcha. El coche no va a parar para mostrarte, “esto es primera”. No, tú te tienes que meter para que el coche siga rodando.

Tu primer papel importante es le de Juan Manuel “Boogie” en la serie Lalola. ¿Cuándo comprende uno que su carrera empieza a tomar relevancia, que empieza a ser conocido?

Pues fíjate que, más que en Lalola, me pasaba con Hoy no me puedo levantar. Ahí sí me reconocían mucho porque fue un musical muy visto. Pero yo nunca he tenido la sensación en mi cabeza de “esto va para adelante”, “esto está funcionado” hasta hace muy poquito. Pero ni cuando hice Primos, por muchos Goyas y toda esa historia, no tuve la sensación de “esto funciona”. Soy optimista, soy realista, pero a la vez soy muy crítico conmigo mismo. No me gusta ver más de lo que hay.

Tú salto al cine se produce en un pequeño papel en la comedia Fuga de Cerebros. ¿Cómo vives esa transición?

Era raro, claro. Era raro porque, recuerdo que para Fuga de Cerebros me dieron un personaje tan pequeño que yo le decía a mi hermano, esto no me sirve ni para el video-book. El personaje se llamaba Jonki 1, tenía dos frases que eran, “oye dame unas papelas” y unas no sé qué. Con lo cual era más la experiencia de estar en un set de rodaje que lo que viví realmente. La verdad es que no hice nada (risas). Salí a decir esa frase con toda la ilusión del mundo, por supuesto, (no porque tengas una frase la tienes que decir mal o con poca ilusión), pero claro, fue raro. Era más el ámbito donde estabas y la gente con la que estabas rodeada que el propio trabajo en sí.

Después te pones a las órdenes de Daniel Sánchez Arévalo para hacer Primos, con un papel protagonista. ¿Qué significa para ti ese salto y cómo fue trabajar con Arévalo?

Fue un regalo. Yo antes estaba haciendo el musical Hoy no me puedo levantar. Me presentaron a Dani en una cena en la sala Galileo Galilei y me dijo, Adrián, estoy escribiendo una película y estoy escribiendo un papel para ti. Y claro, me llamó mucho la atención, sabiendo que es Daniel Sánchez Arévalo, que venía de hacer Azuloscurocasinegro. Y cuando estábamos ensayando, yo le decía a Dani: ¿cómo vamos a hacer esto? Yo no sé hacer esto. No sé como va a salir porque, escrito, [el personaje] era una caricatura. Una persona que no se mueve, que tiene una hipocondría brutal, que encima tiene un parche en el ojo; era muy complicado. Me acuerdo que ensayábamos los ataques de ansiedad desde una intensidad muy alta, hasta que poco yo le iba diciendo a Dani, “no, vamos a probar menos”. Menos, menos, menos, hasta que todo eso se reflejaba solo en un ojo. Fue el regalo de mi vida.

En Primos coincides con otros actores importantes de tu generación. Si tuvieras que decir una cualidad, ¿qué crees que caracteriza a esos actores?

(sorprendido) Buena pregunta. Hay una gran mayoría que yo los catalogo como “valientes”, como gente que arriesga. Hay mucha gente que no, pero hay mucha gente que arriesga y más si me hablas de la generación con quien yo compartí el rodaje de Primos, que fueron Raúl [Arévalo], Quim [Gutiérrez], Clara [Lago], Inma [Cuesta]. Arriesgan tanto que se tiran a la piscina, y lo hacen con honestidad, que creen en ellos mismos, que creen en lo que hacen. Eso me fascina. Y yo me siento muy identificado con ellos. Yo soy una persona que arriesgo y voy a saco. Si la cago, la cago con todas las consecuencias. Quedarme a medias nunca me ha gustado. Nunca he sabido.

De ahí pasas a hacer papeles en algunas comedias como Temporal, de José Luis López González, o De chica en chica, de Sonia Sebastian, pero también haces Noctem, una incursión en el cine de terror. Como actor, ¿qué diferencias encuentras entre los géneros?

Creo que es la forma desde donde atacas un personaje. No tiene nada que ver hacer una comedia o un drama o una película de género o hacer un thriller. Yo creo que son emociones diferentes, dentro de que, para mi, lo más difícil es la comedia, por mucho que esté muy poco valorada en este país. La gente de calle te dice, hombre no me gusta eso porque haces de tonto. Pero es que no, me parece que no lo has entendido. No es un  personaje tonto, es un personaje muy bueno, un personaje que a lo mejor puede estar enfermo, un personaje con muchas carencias, con muchas virtudes, pero de tonto no tiene un pelo. La gente no es tonta. La gente pude tener cualidades buenas, malas, pero gente tonta, tonta, no existe.

Obliga hablar de Pedro Infantes, tu personaje de Velvet. Si pudieras hablar con él, ¿qué dirías que le debes? Oye tío, gracias por…

Pues, gracias por cambiarme la vida. Gracias por regalarme algo tan bonito. Porque la experiencia de hacer esa historia tan, tan maravillosa, con ese equipo tan increíble que hemos formado con la productora, con los actores de Velvet y sobre todo, gracias a Cecilia, porque sin Cecilia Freire no hubiera existido nunca el personaje de Pedro.

En Velvet has trabajado junto a algunos grandes nombres del cine español como José Sacristán, Aitana Sánchez Gijón o Ángela Molina. ¿Qué aprendiste con ellos?

Pues fíjate, sobre todo con Pepe (que es con quien más he trabajado, porque con Aitana y con Ángela tenía muy poca participación) aprendí lo que realmente es este trabajo. Aprendí lo que es el oficio, porque es alguien que te puede enseñar de verdad cómo va este oficio. Tú pones a Pepe Sacristán arriba de un escenario y es la realidad del oficio, la realidad del actor. Es un ejemplo a seguir, por lo menos para mi. La forma de ver cómo es su trabajo, la forma de valorar dónde estás trabajando, con quién estás trabajando, valorar que “estás” trabajando, que en estos tiempos es bastante complicado, dado el porcentaje tan mínimo de actores que se gana la vida en este oficio. A parte de todo lo que te puede enseñar de la profesión; de lo que es interpretación, de lo que es la escucha, lo que es sentir.

¿Te dio algún consejo importante?

“No eres más que nadie”. (pausa) Tú no eres más que nadie, tengas el nombre que tengas, tú eres lo mismo que tu compañero, tú eres lo mismo que el cámara, tú eres lo mismo que el pertiguista, tú eres lo mismo que maquillaje, tú eres lo mismo que el runner. Porque sin el runner, que te lleva a plató, tú no ruedas porque si nadie te maquilla no vas a salir a escena. Si el cámara no te enfoca como te tiene que enfocar, no sale lo que tú quieres enseñar, si no tienes la iluminación que tienes que tener para lo que sea, tampoco se va a ver. Todo tiene que ser apoyado por todo el mundo. Todo tiene que ver.

Si miras hacia atrás y piensas en lo que has conseguido, ¿qué le dirías hoy a aquel joven Lastra que empezaba?

Sigue siendo como eres. Sabiendo todo lo que va a venir, sigue siendo como eres. Sigue siendo el Adrián que siempre has sido. Sé feliz, diviértete y disfruta del tiempo porque no existe el mañana, no existe el ayer, existe el hoy, disfrútalo, disfrútalo, disfrútalo, que van a venir cosas bonitas. Hace poco estaba en un pueblo que se llama Rivas, en Madrid, y me dijo un chico: oye, mira Adrián yo también quiero ser actor. ¿Qué puedo hacer? Y yo, hostias pues… Yo qué sé. Lo primero, luchar. Segundo tener una paciencia infinita. Tener la pasión que debes de tener para meterte en esta locura. Y, sobre todo, cree en ti. Siempre. Siempre hay que creer en uno mismo porque si tu no crees no va a creer nadie.

Mirando al futuro, ¿qué te gustaría hacer y que aún no has hecho? ¿Con quién te gustaría trabajar? Un sueño.

(risas) Es que tengo muchos sueños, pero los tengo muy a largo plazo. Es como las metas. Cuando te hablan de qué metas tienes o si ya has conseguido tus metas, yo digo “no, no, no jodas”. Tengo 33 años, todavía no he conseguido mis metas. Mi meta es morirme trabajando en lo que yo quiero. Esa es la meta que tengo. Puedo tener sueños, me encantaría hacer una “película de”, trabajar con este actor, pero el mayor sueño es poder decir a los x años (muy largos, si es que vivo tantos años): hostia, sigo siendo un niño.