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‘Análisis de sangre azul’: entrevista con sus directores Blanca Torres y Gabriel Velázquez

¿Una película muda en estos tiempos que corren? Eso es Análisis de sangre azul y la estrenamos aquí, en Cinema Jove, esta noche, jueves 29 de junio, a las 22:30 horas en la Sala José Sancho con música electrónica en directo a cargo del dj valenciano HAL 9000. Hablamos con sus dos directores.

 

¿Cómo surge la idea de este proyecto?

Blanca Torres: Surge principalmente de mis viajes a los Pirineos. Sentía la necesidad de rescatar esas montañas. Retratarlas cuando todavía no habían sido conquistadas por la gente de fuera, por los forasteros. Análisis de sangre azul narra esa primera conquista de las montañas por la civilización (a través de la medicina), los forasteros (un inglés) y por la imagen (a través de una cámara).

 

Análisis de sangre azul cuenta la historia de una misterioso inglés que llega a un valle en los Pirineos donde un médico trabaja en un sanatorio mental. A pesar del drama que narra, hay en la película un optimismo que vibra en cada secuencia. ¿Era esa vuestra intención?

Gabriel Velázquez: Hay una exaltación de la vida y de la naturaleza en todo su esplendor, además de haber mucho humor. Es lo que nos sugerían los personajes y el entorno en el que estábamos. Las montañas, la nieve, las flores… Todo lo que nos rodeaba te producía energía y felicidad y eso es inevitable que quede reflejado, a pesar de lo que le pueda suceder a veces a los personajes. Es como la vida misma, en la que es imposible que deje de existir la alegría.

 

¿Qué referentes teníais en mente mientras rodabais esta película?

B.T: Para mí, Nanook el Esquimal de Robert Flaherty ha sido una película de referencia desde siempre. También revisamos películas médicas de la época, sobretodo americanas, aunque también accedimos a filmaciones del hospital psiquiátrico de San Juan de Dios en Madrid. Y por supuesto, repasamos también las famosas fotografías clínicas del neuropsiquiatra francés Jean Martin Charcot sobre la histeria. De alguna manera, todos estos documentos ya transmitían ese ansía del hombre moderno de inmortalizar en imágenes el mundo que nos rodea, como pioneros de esa otra historia del cine más amateur.

 

Tus anteriores largometrajes ponen en el centro la cuestión de la soledad en la sociedad. Aunque los personajes están aislados, aquí la comunidad tiene un papel importante. ¿A qué se debe ese cambio?

G.V: En este caso el guión es de Blanca, aunque si analizamos el personaje de El Inglés, aparece solo y enfermo, no es consciente de sus recuerdos, no sabe ni quién es y termina yéndose otra vez solo. Y aunque comparta la vida con los enfermos del hospital, en el fondo no tienen nada que ver con él. Es un solitario que ha perdido el norte y que ha encontrado una comunidad por la que su mente se deja llevar durante unos años hasta que decide desaparecer.

 

Habéis rodado en 16 y 8mm. ¿Qué os daba la filmación en película de cine sobre el formato digital?

B.T: Si queríamos que Análisis de sangre azul se viviera como una película de aquella época, debíamos filmar como lo hubiera hecho una persona de entonces. Para ello debíamos ponernos realmente en la piel de un hombre que rueda en los años 30; que utiliza bobinas de 3 minutos, que no puede chequear el material, que filma a una única toma, que debe esperar el revelado, que a veces, trae veladoras o “sorpresas” en la emulsión. Todo esas capas no suceden cuando grabas en digital.

 

Tengo entendido que para la película, además del protagonista, Anders Lindström, que es actor profesional, has contado con el grupo de teatro Arcadia que integra a discapacitados. ¿Cómo ha sido la experiencia? ¿Qué has aprendido de ello?

G.V: Anders es en realidad un modelo internacional sueco que encontró Blanca en internet buscando al personaje. Creíamos que sería inaccesible, pero Blanca es muy insistente y lo localizó en unas cuevas de Granada. Cuando lo conocimos no podíamos creernos que pudiese haber una persona más exacta a la espiritualidad que buscábamos en El Inglés. Se encontraba tan libre ante el personaje y ante la inmensidad de las montañas, que se quedó a vivir un tiempo en Los Pirineos. Encontrar al grupo de teatro Arcadia fue mágico, porque ellos mismos jugaban a interpretar sus propios padecimientos o los de sus compañeros. Hasta los profesores participaban. Para ellos era una experiencia teatral y humana. Para nosotros, mágica. En los momentos de quietud, sus rostros son casi imposibles de imitar, porque ellos respiran verdad absoluta.

 

El cine más vanguardista mira hacia los orígenes buscando nuevas formas de narrar Vosotros, sin embargo, vais mucho más lejos y os colocáis en el mismo principio. ¿Qué buscabais allí?

B.T: Buscábamos retroceder a un tiempo donde la imagen todavía era valiosa. Y cuando digo valiosa no me refiero a la calidad, sino a la cantidad. El mundo todavía estaba por fotografiar y un hombre con una cámara podía sentir que conquistaba por primera vez un espacio nunca antes reproducido. Hoy, cuando sacamos el móvil y hacemos un vídeo o una foto, no le damos ese valor de acontecimiento. Es imposible. Cómo hacerlo, si cualquier lugar del mundo ha sido infinitamente inmortalizado antes que nosotros. Y a pesar de ello, no podemos dejar de producir imágenes… esa relación moderna con la imagen ya la tiene nuestro protagonista, el doctor Pedro Martínez.

 

Tengo entendido que tenéis pensado rodar una segunda película sobre este material. ¿Qué podéis contarnos sobre ese proyecto?

G.V: La película podría empezar así: En el año 2016, en plenas pistas de esquí de Formigal, escoltado por dos guardias de alta montaña, un médico forense examina un esqueleto. El cadáver data de los años 40 y tiene unas dimensiones muy extrañas para esa época y en concreto para ese valle. El dictamen oficial habla de muerte provocada por un fuerte golpe en el cráneo con un objeto punzante. A partir de ahí empieza una inquietante búsqueda en el tiempo.

 

Y la última. El nombre del valle donde suceden las cosas es un homenaje a José Val del Omar. ¿Es así? ¿Por qué queríais hacerle este tributo?

B.T: Val del Omar es un místico del cine. Y parte de nuestra obsesión por mantener lo analógico es por no perder ese temblor de viva luz de la que él hablaba. Termino la entrevista con una cita suya:

“yo me fijé en la luz como vibración, palpitación, latido, diferencia, desnivel, base vital. Y hay que hacer visible ese latido. Eléctrico éxtasis, movimiento continuo en alta frecuencia, temblor vertical que se sumerge en la clarividencia, ardor, temblor de viva luz.”